Sabemos que muchos mamíferos poseen un sentido del olfato sumamente desarrollado, lo cual es de vital importancia para su supervivencia como especie, ya que entre otras cosas, les permite olfatear una presa, su pareja e incluso detectar el peligro.
En estos animales el Nervio Terminal o par craneal O como algunos autores le denominan, es sumamente desarrollado, ya que por medio de este se detectan las sustancias químicas inodoras también llamadas feromonas.
En la vida intrauterina y en el primer año de vida, el ser humano también posee este nervio un tanto desarrollado , aunque a medida que vamos creciendo, este nervio paulatinamente se va atrofiando, hasta que al llegar a la etapa de la adolescencia el nervio desaparece por completo aseguran algunos autores.
Aun así, el hombre tiene la capacidad de emanar y detectar feromonas, las cuales explican que muchas veces alguien nos agrade o disguste sin siquiera conocerle. Adyacente a este hecho, investigadores han propuesto que este nervio no desaparece por completo, ya que, aunque no podamos percibirlas concretamente, las feromonas si efectúan acciones importantes en nuestras relaciones con los demás.
Este nervio sale del encéfalo a través de la lámina cribosa, medial al bulbo olfatorio. Se encuentra en intimo contacto con los filetes olfatorios del 1er par Craneal (nervio olfatorio), donde llega al sistema vomeronasal, el cual se compone de un órgano vomeronasal y un nervio vomeronasal. Este órgano, se encuentra a los lados del tabique nasal, pero a medida que el ser humano va desarrollándose, el mismo va desapareciendo.
Entonces, es quizás prudente pensar que talvez este microscópico nervio no desaparece por completo, sino que simplemente va disminuyendo su capacidad a lo largo del tiempo.
Carlos Veras
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